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CONQUISTADORES

No importa lo que digan
No debe importarnos lo que digan
Las voces aflautadas,
Las voces resentidas.
Bajarán nuestras estatuas,
De los pedestales
No dejarán un solo monumento
Que nos recuerde. No importa
Las cosas deben hacerse
Y para eso, se necesitan hombres.
Pero ya no hay hombres
Sino voces aflautadas, mercaderes
Usureros, y una multitud de resentidos
Entonces la espada, aunque sea de mármol
Genera pánico, odio, esa secreta envidia
Que atraviesa los siglos.
Pero no importa
También está la sangre.
Siempre habrá uno de nosotros
Viendo, oyendo, percibiendo
La salida del sol
La lumbre de la espada
El amor propio del hombre
De pie junto a las ruinas.
Aunque sea
Con astillas de mármol en la piel.
Por eso, siempre hay en algunos,
Un leve temblor sobre los labios.
Siempre queda algo
Del estruendo del acero.
La sombra de un lobo
Que se arrastra
La sombra del águila,
Sobrevolando las alturas
Los antiguos pasos
De las columnas de soldados
Entre la hierba.
Las hogueras nocturnas y la voz
Apagada del amor en el silencio.
La soledad desembarcó su grandeza,
Sobre las playas
Un puñado de hombres,
Lejos del rey
Lejos de todo,
Atravesó la selva y la montaña.
En un sólo un instante, pudieron vencerlos
Las alimañas, Las lluvias, la enfermedad
Y la traición. Pocos llegaron a destino,
Menos aún
Disfrutaron de su esfuerzo.
Pero aún así
Merecerán el odio que merecen los grandes
Los que pasan solos por la historia
Solos con su espada y con sus perros de guerra
Y sus caballos muertos en la primera refriega
Abandonados en la selva cruel y abigarrada.
No importa el odio
No importa ser pocos
No importa la excomunión
No importa el asco
No importa el olvido.
No hay fuego que queme
Lo que va por la sangre
En un pequeño número de hombres
En la raza espiritual de la conquista.

